CUENTOS, POESIAS Y OTRAS YERBAS cuentos, poesías y otras yerbas

18.1.10

RANCHO MUERTO (Osiris Rodriguez Castillo)



En un paraje bruto, donde el campo
se arrastra a bellaquear, duro y parejo,
p'hacerse cimarrón entre los cardos
y los chilcales densos,
hay un rancho silleta, solitario,
jundido contra'l plomo del invierno...

Ha estao en la cuchilla, sesent'años;
y ha sido guapetón el rancho viejo.

A veces, la coruja en la cumbrera
le dio manos de frío a contrapelo,
pero sólo una vez hubo caranchos;
si algo más falta... lo llevó el sendero.

Aura, es cuasi tapera; a pocos pasos
retuerce su miseria un tala seco,
y se agrieta un palenque de quebracho
que ha quedao pa' mojón del desconsuelo.

Levantando su pértigo, está el carro
como en una añoranza de repechos.
Más allá hay dos horcones;
son dos brazos
que alza en busca de luz, el pozo ciego.

Por vez primera, tiene miedo el rancho,
todo está muy tranquilo; muy siniestro.
No se mueven en torno ni los pastos,
y la tarde es un yugo de silencio.

De golpe, por los cerros más lejanos
repechan grandes nubarrones negros,
y en remolinos de baguales zainos
por un trillo de furia,
llega el viento.

L'oye bramar; sentao en sus garrones
quiere aguantar su empuje en el encuentro;
quiere juir, como el potro, a la llanura;
quiere volar, abriendo los aleros,
pero todo es inútil; porque tiene
los cuatro pies maniados por el miedo,

y al final... es de barro: como el hombre;
y al sentir que la garra del pampero
se l'enrieda en la clin, cruje un sollozo
de coraje vencido, y cai deshecho.

Por el cardal, montao en un bichoco,
tembloroso de frío, llega un viejo;
por sus azules ojos ñeblinosos
vaga una pena di agua sin consuelo.

Quisiera levantarlo; pero el rancho
le ha dentrao a pesar memoria adentro,
y son pocas las juerzas con que arrastra
la soledá de sus ochenta inviernos...

Da unas güeltas en torno; su mirada
busca una vaga ayuda en el potrero,
los cardinales de su desamparo
se le hunden en los ojos, como dedos,

y entonces, le habla al rancho, de manera
que, llorando a los gritos, juye'l viento
mientras una garuga destemplada
lustra las muertas pajas del alero...


Rancho MuertoII

"Te caite... rancho flojo!
Aura, que agatas
me van quedando fuerzas pa'l silencio,
te da por afluejar los caracuses
y azotar la osamenta contra'l suelo...

Las otras noches, no podía dormirme
cuando al pasar te paletiaba el viento...
Te oiba di a ratos rechinar los dientes
y carculé que 'stabas medio enteco;

pero nunca, pa tanto, mesmamente.
Mirá que t'hice juerte, rancho viejo...
Ya van pa sesent'a años.
Tenía veinte,
cuando llegué a estos pagos de tropero,
y trompecé con unos ojos tristes
que me habían aguaitao...Dios sabe'l tiempo.

Yo era medio flojón pa los caminos
y me gustó pa comenzar un cuento.

Como traiba unas libras en el cinto,
l'eché l'ojo enseguida a este potrero
donde después te alcé, con tanto orgullo,
que hasta envidia les daba a los horneros.

Aprovechando aquél menguante 'e junio
corté tijeras, paja, horcones gruesos,
y te hice con caricias; justamente
como se hacen los hijos, y los sueños...

Había que ver, cuando la truje a ella.
Se raiba sola'e verte tan bien hecho:
la quincha de escalera parecía
como un intento de llegar al cielo.

Cómo se raiba... Cuando nos miramos
yo parecía un gurí: sacando pecho;
y se vino al cariño de mis brazos
a pagarme la changa a fuerza'e besos.

...Dispués, vinieron los gurises: Pancho,
Lucio, José, Juanita...Tuitos ellos...
Y parecías un nido de pirinchos
con tanta risa de gurí contento.

Una mañana, les corté el retozo;
los enanqué en el malacara viejo,
y el ala blanca de los guardapolvos
rumbió a los palomares del colegio.

Dispués...
Jué como todo en esta vida:
unos se casan... otros se van diendo...
y golvimos a quedar, yo y la patrona,
nuevamente de novios, por un tiempo.

Hasta qu'ella se jue. Ségún el cura,
p'ande se m'iba a dir sino pa'l cielo...
La tarde que se jue me dijo: "Lucio...
tenés rancho pa'rato ¿eh? Salió güeno!"
...Van pa' cinco años; y cuando me craiba
que m'iba hacer tapera yo primero,
te da por afluejar los caracuses
y azotar l'osamenta contra'l suelo...

Te da por afluejar, cuando no hay juerzas
p'apuntalarte un poco; cuando tengo
las manos tan tembleques, rancho flojo!,
dejar morir al raso al patrón viejo!"
..............
Y jue la noche pior de Santa Rosa:
llovió, como pa'ahugar hasta los cerros.
Cuando quiso clariar la madrugada,
lo encontraron dormido y ya sin tiempo,
con la blanca melena derrumbada
sobre las clinas de su rancho muerto...

15.1.10

SEÑALES

En las manos te traigo
viejas señales
son mis manos de ahora
no las de antes

doy lo que puedo
y no tengo vergüenza
del sentimiento

si los sueños y ensueños
son como ritos
el primero que vuelve
siempre es el mismo

salvando muros
se elevan en la tarde
tus pies desnudos

el azar nos ofrece
su doble vía
vos con tus soledades
yo con las mías

y eso tampoco
si habito en tu memoria
no estaré solo

tus miradas insomnes
no dan abasto
dónde quedó tu luna
la de ojos claros

mírame pronto
antes que en un descuido
me vuelva otro

no importa que el paisaje
cambie o se rompa
me alcanza con tus valles
y con tu boca

no me deslumbres
me basta con el cielo
de la costumbre

en mis manos te traigo
viejas señales
son mis manos de ahora
no las de antes

doy lo que puedo
y no tengo vergüenza
del sentimiento


MARIO BENEDETTI


23.11.09

NO TE SALVES

12.6.09

Dejame dormir mamá. . . .


DÉJAME DORMIR, MAMÁ

Hijo mío, por favor,
de tu blando lecho salta.
Déjame dormir, mamá, 
que no hace ninguna falta. 
 
Hijo mío, por favor, 
levántate y desayuna.
Déjame dormir, mamá, 
que no hace falta ninguna.
 
Hijo mío, por favor, 
que traigo el café con leche.
Mamá, deja que en las sábanas 
un rato más aproveche.
  
Hijo mío, por favor, 
que España entera se afana.
¡Que no! ¡Que no me levanto 
porque no me da la gana!
 
Hijo mío, por favor, 
que el sol está ya en lo alto.
Déjame dormir, mamá, 
no pasa nada si falto.
 
Hijo mío, por favor, 
que es la hora del almuerzo.
Déjame, que levantarme 
me supone mucho esfuerzo.
 
Hijo mío, por favor, 
van a llamarte haragán.
Déjame, mamá, que nunca 
me ha importado el qué dirán.
 
Hijo mío, por favor, 
¿y si tu jefe se enfada?
Que no, mamá, déjame, 
que no me va pasar nada.
 
Hijo mío, por favor, 
que ya has dormido en exceso.
Déjame, mamá, que soy 
diputado del Congreso
y si falto a las sesiones 
ni se advierte ni se nota.
Solamente necesito 
acudir cuando se vota,
que los diputados somos 
ovejitas de un rebaño
para votar lo que digan 
y dormir en el escaño.
En serio, mamita mía, 
yo no sé por qué te inquietas
si por ser culiparlante 
cobro mi sueldo y mis dietas.
Lo único que preciso, 
de verdad, mamá, no insistas,
es conseguir otra vez 
que me pongan en las listas.
Hacer la pelota al líder, 
ser sumiso, ser amable
Y aplaudirle, por supuesto, 
cuando en la tribuna hable.
Y es que ser parlamentario 
fatiga mucho y amuerma.
Por eso estoy tan molido. 
¡Déjame, mamá, que duerma!
 
Bueno, te dejo, hijo mío. 
Perdóname, lo lamento.
¡Yo no sabía el estrés 
que produce el Parlamento!

            Fray Junípero (1713 - 1784) Religioso franciscano español.


2.4.09

Eduardo Galeano



Un artículo de Eduardo Galeano

    (Para mayores de 40)
    

    Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco.

    No hace tanto, con mi mujer, lavábamos los pañales de los críos, los colgábamos en la cuerda junto a otra ropita, los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar.

    Y ellos, nuestros nenes, apenas crecieron y tuvieron sus propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda, incluyendo los pañales.

    ¡Se entregaron inescrupulosamente a los desechables! Si, ya lo sé. A nuestra generación siempre le costó tirar. ¡Ni los desechos nos resultaron muy desechables! Y así anduvimos por las calles guardando los mocos en el bolsillo y las grasas en los repasadores.

    ¡¡¡Nooo!!! Yo no digo que eso era mejor. Lo que digo es que en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por dónde se entra. Lo más probable es que lo de ahora esté bien, eso no lo discuto. Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año, el celular cada tres meses o el monitor de la computadora todas las navidades.

    ¡Guardo los vasos desechables!

    ¡Lavo los guantes de látex que eran para usar una sola vez!

    ¡Apilo como un viejo ridículo las bandejitas de espuma plástica de los pollos!

    ¡Los cubiertos de plástico conviven con los de acero inoxidable en el cajón de los cubiertos!

    ¡Es que vengo de un tiempo en el que las cosas se compraban para toda la vida!

    ¡Es más!

    ¡Se compraban para la vida de los que venían después!

    La gente heredaba relojes de pared, juegos de copas, fiambreras de tejido y hasta palanganas de loza.

    Y resulta que en nuestro no tan largo matrimonio, hemos tenido más cocinas que las que había en todo el barrio en mi infancia y hemos cambiado de heladera tres veces.

    ¡¡Nos están fastidiando! ! ¡¡Yo los descubrí!! ¡¡Lo hacen adrede!! Todo se rompe, se gasta, se oxida, se quiebra o se consume al poco tiempo para que tengamos que cambiarlo. Nada se repara. Lo obsoleto es de fábrica.

    ¿Dónde están los zapateros arreglando las media-suelas de las Nike?

     ¿Alguien ha visto a algún colchonero escardando sommiers casa por casa?

    ¿Quién arregla los cuchillos eléctricos? ¿El afilador o el electricista?

    ¿Habrá teflón para los hojalateros o asientos de aviones para los talabarteros?

    Todo se tira, todo se desecha y, mientras tanto, producimos más y más basura.

    El otro día leí que se produjo más basura en los últimos 40 años que en toda la historia de la humanidad.

    El que tenga menos de 40 años no va a creer esto: ¡¡Cuando yo era niño por mi casa no pasaba el basurero!!

    ¡¡Lo juro!! ¡Y tengo menos de... años!

    Todos los desechos eran orgánicos e iban a parar al gallinero, a los patos o a los conejos (y no estoy hablando del siglo XVII)

    No existía el plástico ni el nylon. La goma sólo la veíamos en las ruedas de los autos y las que no estaban rodando las quemábamos en la Fiesta de San Juan.

    Los pocos desechos que no se comían los animales, servían de abono o se quemaban.. De 'por ahí' vengo yo. Y no es que haya sido mejor. Es que no es fácil para un pobre tipo al que lo educaron con el 'guarde y guarde que alguna vez puede servir para algo', pasarse al 'compre y tire que ya se viene el modelo nuevo'.

    Mi cabeza no resiste tanto.

    Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que, además, cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real.

    Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el mismo nombre (y vaya si era un nombre como para cambiarlo) Me educaron para guardar todo. ¡¡¡Toooodo!!! Lo que servía y lo que no. Porque algún día las cosas podían volver a servir. Le dábamos crédito a todo.

    Si, ya lo sé, tuvimos un gran problema: nunca nos explicaron qué cosas nos podían servir y qué cosas no. Y en el afán de guardar (porque éramos de hacer caso) guardamos hasta el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas del jardín de infantes y no sé cómo no guardamos la primera caquita. ¿Cómo quieren que entienda a esa gente que se desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo?

    ¿Será que cuando las cosas se consiguen fácilmente, no se valoran y se vuelven desechables con la misma facilidad con la que se consiguieron?

    En casa teníamos un mueble con cuatro cajones. El primer cajón era para los manteles y los repasadores, el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto para todo lo que no fuera mantel ni cubierto. Y guardábamos.. . ¡¡Cómo guardábamos!! ¡¡Tooooodo lo guardábamos!! ¡¡Guardábamos las chapitas de los refrescos!! ¡¿Cómo para qué?! Hacíamos limpia-calzados para poner delante de la puerta para quitarnos el barro. Dobladas y enganchadas a una piola se convertían en cortinas para los bares. Al terminar las clases le sacábamos el corcho, las martillábamos y las clavábamos en una tablita para hacer los instrumentos para la fiesta de fin de año de la escuela. ¡Tooodo guardábamos!

    ¡¡¡Las cosas que usábamos!!!: mantillas de faroles, ruleros, ondulines y agujas de primus. Y las cosas que nunca usaríamos. Botones que perdían a sus camisas y carreteles que se quedaban sin hilo se iban amontonando en el tercer y en el cuarto cajón. Partes de lapiceras que algún día podíamos volver a precisar. Tubitos de plástico sin la tinta, tubitos de tinta sin el plástico, capuchones sin la lapicera, lapiceras sin el capuchón. Encendedores sin gas o encendedores que perdían el resorte. Resortes que perdían a su encendedor.

    Cuando el mundo se exprimía el cerebro para inventar encendedores que se tiraban al terminar su ciclo, inventábamos la recarga de los encendedores descartables. Y las Gillette -hasta partidas a la mitad- se convertían en sacapuntas por todo el ciclo escolar. Y nuestros cajones guardaban las llavecitas de las latas de sardinas o del corned-beef, por las dudas que alguna lata viniera sin su llave. ¡Y las pilas! Las pilas de las primeras Spica pasaban del congelador al techo de la casa. Porque no sabíamos bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más. No nos resignábamos a que se terminara su vida útil, no podíamos creer que algo viviera menos que un jazmín.

    Las cosas no eran desechables. Eran guardables. ¡¡¡Los diarios!!! Servían para todo: para hacer plantillas para las botas de goma, para poner en el piso los días de lluvia y por sobre todas las cosas para envolver. ¡¡¡Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al trozo de carne!!!

    Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros para hacer guías de pinitos de navidad y las páginas del almanaque para hacer cuadros y los cuentagotas de los remedios por si algún medicamento no traía el cuentagotas y los fósforos usados porque podíamos prender una hornalla de la Volcán desde la otra que estaba prendida y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos. Y las cajas de cigarros Richmond se volvían cinturones y posa-mates y los frasquitos de las inyecciones con tapitas de goma se amontonaban vaya a saber con qué intención, y los mazos de naipes se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a mano en una sota de espada que decía 'éste es un 4 de bastos'.

    Los cajones guardaban pedazos izquierdos de palillos de ropa y el ganchito de metal. Al tiempo albergaban sólo pedazos derechos que esperaban a su otra mitad para convertirse otra vez en un palillo.

    Yo sé lo que nos pasaba: nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos. Así como hoy las nuevas generaciones deciden 'matarlos' apenas aparentan dejar de servir, aquellos tiempos eran de no declarar muerto a nada: ¡¡¡ni a Walt Disney!!!

    Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se convertía en base y nos dijeron: 'Cómase el helado y después tire la copita', nosotros dijimos que sí, pero, ¡¡¡minga que la íbamos a tirar!!! Las pusimos a vivir en el estante de los vasos y de las copas. Las latas de arvejas y de duraznos se volvieron macetas y hasta teléfonos.. Las primeras botellas de plástico se transformaron en adornos de dudosa belleza. Las hueveras se convirtieron en depósitos de acuarelas, las tapas de botellones en ceniceros, las primeras latas de cerveza en portalápices y los corchos esperaron encontrarse con una botella.

    Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos. ¡¡¡Ah!!! ¡¡¡No lo voy a hacer!!! Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad son descartables.

    Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas. Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero. No lo voy a hacer. No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne. No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte apenas empiezan a fallar en sus funciones, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos, que a las personas que les falta alguna función se les discrimina o que valoran más a los lindos, con brillo y glamour.

    Esto sólo es una crónica que habla de pañales y de celulares. De lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que plantearme seriamente entregar a la 'bruja' como parte de pago de una señora con menos kilómetros y alguna función nueva. Pero yo soy lento para transitar este mundo de la reposición y corro el riesgo de que la 'bruja' me gane de mano y sea yo el entregado.

    Hasta aquí Eduardo Galeano