17.8.10

LA POESÍA ES UN ARMA CARGADA DE FUTURO

  LA POESÍA ES UN ARMA CARGADA DE FUTURO

Cuando ya nada se espera personalmente exaltante, 
mas se palpita y se sigue más acá de la conciencia, 
fieramente existiendo, ciegamente afirmado, 
como un pulso que golpea las tinieblas,

cuando se miran de frente 
los vertiginosos ojos claros de la muerte, 
se dicen las verdades: 
las bárbaras, terribles, amorosas crueldades.

Se dicen los poemas 
que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados, 
piden ser, piden ritmo, 
piden ley para aquello que sienten excesivo.

Con la velocidad del instinto, 
con el rayo del prodigio, 
como mágica evidencia, lo real se nos convierte 
en lo idéntico a sí mismo.

Poesía para el pobre, poesía necesaria 
como el pan de cada día, 
como el aire que exigimos trece veces por minuto, 
para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.

Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan 
decir que somos quien somos, 
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno. 
Estamos tocando el fondo.

Maldigo la poesía concebida como un lujo 
cultural por los neutrales 
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden. 
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.

Hago mías las faltas.  Siento en mí a cuantos sufren 
y canto respirando. 
Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas 
personales, me ensancho.

Quisiera daros vida, provocar nuevos actos, 
y calculo por eso con técnica qué puedo. 
Me siento un ingeniero del verso y un obrero 
que trabaja con otros a España en sus aceros.

Tal es mi poesía: poesía-herramienta 
a la vez que latido de lo unánime y ciego. 
Tal es, arma cargada de futuro expansivo 
con que te apunto al pecho.

No es una poesía gota a gota pensada. 
No es un bello producto. No es un fruto perfecto. 
Es algo como el aire que todos respiramos 
y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.

Son palabras que todos repetimos sintiendo 
como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado. 
Son lo más necesario: lo que no tiene nombre. 
Son gritos en el cielo, y en la tierra son actos.

Gabriel Celaya

29.7.10

Galeano



Ventana sobre el miedo (Eduardo Galeano) 
El gran negocio del crimen y el miedo sacrifica la justicia 


por Eduardo Galeano 

En un mundo que prefiere la seguridad a la justicia, hay cada vez más gente que aplaude el sacrificio de la justicia en los altares de la seguridad. En las calles de las ciudades se celebran las ceremonias. Cada vez que un delincuente cae acribillado, la sociedad siente alivio ante la enfermedad que la acosa. La muerte de cada malviviente surte efectos farmacéuticos sobre los bienvivientes. La palabra farmacia viene de pharmakos, que era el nombre que daban los griegos a las víctimas humanas de los sacrificios ofrendados a los dioses en tiempos de crisis. 

La industria del miedo 

El miedo es la materia prima de las prósperas industrias de la seguridad privada y del control social. Una demanda firme sostiene el negocio. La demanda crece tanto o más que los delitos que la generan, y los expertos aseguran que así seguirá siendo. Florece el mercado de las policías privadas y las cárceles privadas, mientras todos, quien más, quien menos, nos vamos volviendo vigilantes del prójimo y prisioneros del miedo. 

Clases de corte y confección: cómo elaborar enemigos a medida 

Muchos de los grandes negocios promueven el crimen y del crimen viven. Nunca hubo tanta concentración de recursos económicos y de conocimientos científicos y tecnológicos dedicados a la producción de muerte. Los países que más armas venden al mundo son los mismos países que tienen a su cargo la paz mundial. 

Afortunadamente para ellos, la amenaza de la paz se está debilitando, ya se alejan los negros nubarrones, mientras el mercado de la guerra se recupera y ofrece promisorias perspectivas de carnicerías rentables. Las fábricas de armas trabajan tanto como las fábricas que elaboran enemigos a la medida de sus necesidades. 

El miedo global 

* Los que trabajan tienen miedo de perder el trabajo. 

* Los que no trabajan tienen miedo de no encontrar nunca trabajo. 

* Quien no tiene miedo al hambre, tiene miedo a la comida. 

* Los automovilistas tienen miedo de caminar y los peatones tienen miedo de ser atropellados. 

* La democracia tiene miedo de recordar y el lenguaje miedo de decir. 

* Los civiles tienen miedo a los militares, los militares tienen miedo a la falta de armas, las armas tienen miedo a la falta de guerras. 






Es el tiempo del miedo. 

* Miedo de la mujer a la violencia del hombre y miedo del hombre a la mujer sin miedo. 

* Miedo a los ladrones, miedo a la policía. 

* Miedo a la puerta sin cerradura, al tiempo sin relojes, al niño sin televisión, miedo a la noche sin pastillas para dormir y miedo al día sin pastillas para despertar. 

* Miedo a la multitud, miedo a la soledad, miedo a lo que fue y a lo que puede ser, miedo de morir, miedo de vivir… 





El hambre desayuna miedo. 

El miedo al silencio aturde las calles. El miedo amenaza. 
Si usted ama, tendrá sida. 
Si fuma, tendrá cancer. 
Si respira, tendrá contaminación. 
Si bebe, tendrá accidentes. 
Si come, tendrá colesterol. 
Si habla, tendrá desempleo. 
Si camina, tendrá violencia. 
Si piensa, tendrá angustia. 
Si duda, tendrá locura. 
Si siente, tendrá soledad.


6.7.10

no son los muertos




No son los muertos los que en dulce calma
la paz disfrutan de su tumba fria,
muertos son los que tienen muerta el alma
y viven todavia. 


No son los muertos, no, los que reciben
rayos de luz en sus despojos yertos,
los que mueren con honra son los vivos,
los que viven sin honra son los muertos.


La vida no es la vida que vivimos,
la vida es el honor, es el recuerdo.
Por eso hay muertos que en el mundo viven,
y hombres que viven en el mundo muertos



Antonio Muñoz Freijoo




31.5.10

MI BANDONEON Y YO

Mi bandoneon y yo (Crecimos juntos)
Tango
Música: Rubén Juárez
Letra: Julio Martín
A veces se me hace que nació conmigo
y durmió en mi cuna pegao a mis pies.
Que fue mi juguete y mi perro de pibe
y toda la infancia la corrí con él.
Que anduvimos juntos, atorro y milonga,
desde mi bohemia, cigarro y café.
Y a veces rodamos maneaos por el suelo
y nos levantamos con la misma fe.

Mi bandoneón y yo crecimos juntos,
emparentaos, tal vez, por la pobreza...
Muchas veces reímos de alegría
y otras veces, lloramos de tristeza.
Yo le hablo de hombre a fueye, mano a mano.
Lo mismo que si hablara con la vieja.
Y cuando él me responde, se me antoja
que Buenos Aires mismo me contesta.

Sí, hermano, como siempre
con vos hasta que muera...

Si yo a mi bandoneón lo llevo puesto
como un cacho de tango entre las venas.
Y está de Dios que al dar mi último aliento,
moriremos a un tiempo... mi bandoneón y yo.



Donde el poeta comparte su lecho por vez primera

Donde el poeta comparte su lecho por vez primera

Guardo la primavera

bajo mi blanca sábana.

Toco sus manos niñas,

su cintura perfecta,

sus senos como claras

palomas asustándose,

rozo sus hombros tersos,

redondos como frutos

y pronuncio en su boca

mi beso más liviano.

Guardo la primavera:

tengo el amor crecido,

tengo el amor creciendo

como luna en mi cuarto.

Decid, los amadores,

si cuando abril se cuelga

de las acacias vírgenes

hubiera algo más bello

que poseer sus brazos.

Pues yo los tengo ahora

conmigo, floreciéndose,

poblándose de pájaros

pequeños y piantes.

Decid, los amadores...

Mas no digáis, callad.

Callad, que hoy tengo el sueño

ligero y compartido

y no me atrevo ni

a despertar, no vaya

a ser que sólo sea

un sueño tanta dicha.

Afuera queda el mundo,

las estrellas rodando,

y el viento azul y leve

con que Dios se corona.

Pero la primavera

la tengo aquí, conmigo.

Callad. No levantéis

rumor. que yo, por vez

primera, en esta noche

con una rosa duermo.




Carlos Murciano

Si En Brumas Me Hablas de Carlos Murciano



Si en brumas me hablas, callo y no te digo
que en bruma no comprendo tu llamada,
ni conozco tu voz, ni la delgada

gracia de la cintura te persigo.

Si en bruma me acaricias, sumo y sigo:
caricia, más amor, más bruma: nada;
ni pájaro sangrando en enramada,
ni amapola trinando sobre trigo.

A veces va la bruma y nos rodea
y nos viste de gris y nos diluye
náufragos de su pálida marea;

la bruma que derriba y que destruye,
que a sí misma se crea y se recrea
y luego como helada cierva huye.