15.4.10

Que falta que me hacés



Que falta que me hacés
Tango
Música: Armando Pontier Miguel Caló
Letra: Federico Silva


¡No estás!
Te busco y ya no estás.
Espina de la espera
que lastima
más y más...
Gritar
tu nombre enamorado.
Desear
tus labios despintados,
como luego de besarlos...
¡No estás!
Te busco y ya no estás.
¡Qué largas son las horas
ahora que no estás!...

Qué ganas de encontrarte
después de tantas noches.
Qué ganas de abrazarte,
¡qué falta que me haces!...
Si vieras que ternura
que tengo para darte,
capaz de hacer un mundo
y dártelo después.
Y entonces, si te encuentro,
seremos nuevamente,
desesperadamente,
los dos para los dos.

9.4.10

Con los plazos vencidos

                               

a esta altura hay que asumirlo 
no voy a jugar en boca
cuando acusas treinta largos 
otro medio campo toca
no voy a tirar paredes 
para una hinchada adelante 
mas bien saltare los muros 
que me aparezcan delante
ya se va poniendo oscuro 
y hay olor a vigilante 


no voy a ser astronauta
eso ya lo tengo claro 
ni vaquero en el oeste 
ni dueño de un auto caro
no voy a golpear mas puertas 
ni a llorar que no me abren
ni a esperar que haya vacantes 
ni a sentarme a que me llamen
que me busquen de votante
si me encuentran que me agarren

mejor hacerse la idea 
que no soy quien se esperaba
que he perdido tantas veces 
que hasta creí que ganaba
hoy tengo en vista un dinero
el tano paso el aviso 
para comprarte una vida 
y juntar los sueños del piso 
ya se asoma a la salida  
el señor de los permisos

mas vale decirlo ahora 
por si el después no aparece 
mientras da vuelta la esquina 
lo sigo cuando anochece
si sale bien marca libre
vale cuatro y as de espadas
si no sale jaula o nicho
el juego es a todo o nada 
y a lo peor dirán el dicho
se acabo lo que se daba

a esta altura hay que asumirlo 
no voy a jugar en boca 
cuando acusas treinta largos 
otro medio campo toca 
si sale bien marca libre
vale cuatro y as de espadas 
si no sale jaula o nicho
el juego es a todo o nada 
y a lo peor dirán el dicho
se acabo lo que se daba

hugo fernandez panconi

20.3.10

Que me palpen de armas




Creo en el amor como en la experiencia más maravillosa de la existencia, como generador de toda clase de alegrías.Y en el amor correspondido, como la felicidad misma. Pero no fui educado para él, ni para la felicidad, ni para el placer. Porque fui advertido malamente contra la entregay el gozoso abandono que supone. Cada día, entonces, todavía es una ardua conquista,una transgresión, una desobediencia debida a mí mismo, una porfía. La laboriosa tarea de desaprender lo aprendido, el desacato a aquel mandato primario y fatal, aquel dictamen según el cual se gana o se pierde, se ama o se es amado, se mata o se es muerto. La vida, por tanto, no me ha endurecido, ese sea tal vez mi mayor logro. Que me palpen de armas. Dejo a un lado, si es que alguna vez tuve o me queda, toda arma que sirva para volverse temible, para someter, para acumular, para ser poderoso, para triunfar en un mundo de mano armada, en el que la felicidad se compra con tarjeta de crédito. No quiero que la lucidez me cueste la alegría, ni que la alegría suponga la necedad o la ceguera... Pero no me es fácil, me cuesta vivir a contratiempo, con la sensación de ser testigo de un desatino histórico gigantesco, de un extravío descomunal, tan irracional, absurdo o desolador como la bomba de neutrones. No entiendo al mundo. Me parece, como dice Serrat,que ha caído en manos de unos locos con carnet. Me siento ajeno a la debacle, pero en el medio de ella. Mi vida es apenas un instante en el océano del tiempo y es como si quisiera que ese instante fuera sereno y hondo,en el medio de una ensordecedora discoteca ode un holocausto definitivo, siempre a punto de estallar. Me desazona la banalización de la vida. El pavoneo de la insensatez. El triunfo de la prepotencia y de la ostentación. La deshumanización salvaje de los poderosos, la aceptación y el elogio del "sálvese quien pueda". La práctica y la prédica del desamor y de la histeria. Me descorazona la idiotez colectiva. La idealización de lo superfluo. El asesinato de la inocencia.El descuido suicida de lo poco que merecía nuestro mayor esmero. El desconocimiento o el olvido de nuestra propia condición. Me conmovió, no hace tanto, que el cosmólogo Sagan, en un artículo extenso, escrito como desde un punto perdido en el infinito del espacio desde el cual el mundo se observa como una bolita cachuza, terminara diciéndonos: "Besen a sus hijos, escuchemos a esos hombres, sigámoslos.Leamos a los poetas, no permitamos que el misterio de la existenciadeje de estremecernos cada día, porque es el costo más alto que podemos pagarpor nuestra necedad y nuestra omnipotencia. La vida de un árbol merece nuestra devoción y nuestro másgrande regocijo; al amparo gozoso de su sombra, acariciados por la tibieza de la luz del soly arrullados por el sonido mágico e irrepetible de su follaje, mecido por la mano invisible del viento, estaremos a salvo de la alienación y de la orfandad; siempre y cuando seamos capaces de apreciar esa gloria mientras nos sea posible de reconocer en ella nuestra mayor riqueza. Que la muerte no nos hiera en vida, que la ferocidad no nos pueda el alma. Que nada troque nuestra dicha de estar despiertos. Que una caricia nos atraviese como una flecha jubilosa y radiante. Besemos a los que amamos. Amémonos".


autor : Oscar Martinez

18.1.10

RANCHO MUERTO (Osiris Rodriguez Castillo)



En un paraje bruto, donde el campo
se arrastra a bellaquear, duro y parejo,
p'hacerse cimarrón entre los cardos
y los chilcales densos,
hay un rancho silleta, solitario,
jundido contra'l plomo del invierno...

Ha estao en la cuchilla, sesent'años;
y ha sido guapetón el rancho viejo.

A veces, la coruja en la cumbrera
le dio manos de frío a contrapelo,
pero sólo una vez hubo caranchos;
si algo más falta... lo llevó el sendero.

Aura, es cuasi tapera; a pocos pasos
retuerce su miseria un tala seco,
y se agrieta un palenque de quebracho
que ha quedao pa' mojón del desconsuelo.

Levantando su pértigo, está el carro
como en una añoranza de repechos.
Más allá hay dos horcones;
son dos brazos
que alza en busca de luz, el pozo ciego.

Por vez primera, tiene miedo el rancho,
todo está muy tranquilo; muy siniestro.
No se mueven en torno ni los pastos,
y la tarde es un yugo de silencio.

De golpe, por los cerros más lejanos
repechan grandes nubarrones negros,
y en remolinos de baguales zainos
por un trillo de furia,
llega el viento.

L'oye bramar; sentao en sus garrones
quiere aguantar su empuje en el encuentro;
quiere juir, como el potro, a la llanura;
quiere volar, abriendo los aleros,
pero todo es inútil; porque tiene
los cuatro pies maniados por el miedo,

y al final... es de barro: como el hombre;
y al sentir que la garra del pampero
se l'enrieda en la clin, cruje un sollozo
de coraje vencido, y cai deshecho.

Por el cardal, montao en un bichoco,
tembloroso de frío, llega un viejo;
por sus azules ojos ñeblinosos
vaga una pena di agua sin consuelo.

Quisiera levantarlo; pero el rancho
le ha dentrao a pesar memoria adentro,
y son pocas las juerzas con que arrastra
la soledá de sus ochenta inviernos...

Da unas güeltas en torno; su mirada
busca una vaga ayuda en el potrero,
los cardinales de su desamparo
se le hunden en los ojos, como dedos,

y entonces, le habla al rancho, de manera
que, llorando a los gritos, juye'l viento
mientras una garuga destemplada
lustra las muertas pajas del alero...


Rancho MuertoII

"Te caite... rancho flojo!
Aura, que agatas
me van quedando fuerzas pa'l silencio,
te da por afluejar los caracuses
y azotar la osamenta contra'l suelo...

Las otras noches, no podía dormirme
cuando al pasar te paletiaba el viento...
Te oiba di a ratos rechinar los dientes
y carculé que 'stabas medio enteco;

pero nunca, pa tanto, mesmamente.
Mirá que t'hice juerte, rancho viejo...
Ya van pa sesent'a años.
Tenía veinte,
cuando llegué a estos pagos de tropero,
y trompecé con unos ojos tristes
que me habían aguaitao...Dios sabe'l tiempo.

Yo era medio flojón pa los caminos
y me gustó pa comenzar un cuento.

Como traiba unas libras en el cinto,
l'eché l'ojo enseguida a este potrero
donde después te alcé, con tanto orgullo,
que hasta envidia les daba a los horneros.

Aprovechando aquél menguante 'e junio
corté tijeras, paja, horcones gruesos,
y te hice con caricias; justamente
como se hacen los hijos, y los sueños...

Había que ver, cuando la truje a ella.
Se raiba sola'e verte tan bien hecho:
la quincha de escalera parecía
como un intento de llegar al cielo.

Cómo se raiba... Cuando nos miramos
yo parecía un gurí: sacando pecho;
y se vino al cariño de mis brazos
a pagarme la changa a fuerza'e besos.

...Dispués, vinieron los gurises: Pancho,
Lucio, José, Juanita...Tuitos ellos...
Y parecías un nido de pirinchos
con tanta risa de gurí contento.

Una mañana, les corté el retozo;
los enanqué en el malacara viejo,
y el ala blanca de los guardapolvos
rumbió a los palomares del colegio.

Dispués...
Jué como todo en esta vida:
unos se casan... otros se van diendo...
y golvimos a quedar, yo y la patrona,
nuevamente de novios, por un tiempo.

Hasta qu'ella se jue. Ségún el cura,
p'ande se m'iba a dir sino pa'l cielo...
La tarde que se jue me dijo: "Lucio...
tenés rancho pa'rato ¿eh? Salió güeno!"
...Van pa' cinco años; y cuando me craiba
que m'iba hacer tapera yo primero,
te da por afluejar los caracuses
y azotar l'osamenta contra'l suelo...

Te da por afluejar, cuando no hay juerzas
p'apuntalarte un poco; cuando tengo
las manos tan tembleques, rancho flojo!,
dejar morir al raso al patrón viejo!"
..............
Y jue la noche pior de Santa Rosa:
llovió, como pa'ahugar hasta los cerros.
Cuando quiso clariar la madrugada,
lo encontraron dormido y ya sin tiempo,
con la blanca melena derrumbada
sobre las clinas de su rancho muerto...

15.1.10

SEÑALES

En las manos te traigo
viejas señales
son mis manos de ahora
no las de antes

doy lo que puedo
y no tengo vergüenza
del sentimiento

si los sueños y ensueños
son como ritos
el primero que vuelve
siempre es el mismo

salvando muros
se elevan en la tarde
tus pies desnudos

el azar nos ofrece
su doble vía
vos con tus soledades
yo con las mías

y eso tampoco
si habito en tu memoria
no estaré solo

tus miradas insomnes
no dan abasto
dónde quedó tu luna
la de ojos claros

mírame pronto
antes que en un descuido
me vuelva otro

no importa que el paisaje
cambie o se rompa
me alcanza con tus valles
y con tu boca

no me deslumbres
me basta con el cielo
de la costumbre

en mis manos te traigo
viejas señales
son mis manos de ahora
no las de antes

doy lo que puedo
y no tengo vergüenza
del sentimiento


MARIO BENEDETTI


12.6.09

Dejame dormir mamá. . . .


DÉJAME DORMIR, MAMÁ

Hijo mío, por favor,
de tu blando lecho salta.
Déjame dormir, mamá, 
que no hace ninguna falta. 
 
Hijo mío, por favor, 
levántate y desayuna.
Déjame dormir, mamá, 
que no hace falta ninguna.
 
Hijo mío, por favor, 
que traigo el café con leche.
Mamá, deja que en las sábanas 
un rato más aproveche.
  
Hijo mío, por favor, 
que España entera se afana.
¡Que no! ¡Que no me levanto 
porque no me da la gana!
 
Hijo mío, por favor, 
que el sol está ya en lo alto.
Déjame dormir, mamá, 
no pasa nada si falto.
 
Hijo mío, por favor, 
que es la hora del almuerzo.
Déjame, que levantarme 
me supone mucho esfuerzo.
 
Hijo mío, por favor, 
van a llamarte haragán.
Déjame, mamá, que nunca 
me ha importado el qué dirán.
 
Hijo mío, por favor, 
¿y si tu jefe se enfada?
Que no, mamá, déjame, 
que no me va pasar nada.
 
Hijo mío, por favor, 
que ya has dormido en exceso.
Déjame, mamá, que soy 
diputado del Congreso
y si falto a las sesiones 
ni se advierte ni se nota.
Solamente necesito 
acudir cuando se vota,
que los diputados somos 
ovejitas de un rebaño
para votar lo que digan 
y dormir en el escaño.
En serio, mamita mía, 
yo no sé por qué te inquietas
si por ser culiparlante 
cobro mi sueldo y mis dietas.
Lo único que preciso, 
de verdad, mamá, no insistas,
es conseguir otra vez 
que me pongan en las listas.
Hacer la pelota al líder, 
ser sumiso, ser amable
Y aplaudirle, por supuesto, 
cuando en la tribuna hable.
Y es que ser parlamentario 
fatiga mucho y amuerma.
Por eso estoy tan molido. 
¡Déjame, mamá, que duerma!
 
Bueno, te dejo, hijo mío. 
Perdóname, lo lamento.
¡Yo no sabía el estrés 
que produce el Parlamento!

            Fray Junípero (1713 - 1784) Religioso franciscano español.