12.6.09

Dejame dormir mamá. . . .


DÉJAME DORMIR, MAMÁ

Hijo mío, por favor,
de tu blando lecho salta.
Déjame dormir, mamá, 
que no hace ninguna falta. 
 
Hijo mío, por favor, 
levántate y desayuna.
Déjame dormir, mamá, 
que no hace falta ninguna.
 
Hijo mío, por favor, 
que traigo el café con leche.
Mamá, deja que en las sábanas 
un rato más aproveche.
  
Hijo mío, por favor, 
que España entera se afana.
¡Que no! ¡Que no me levanto 
porque no me da la gana!
 
Hijo mío, por favor, 
que el sol está ya en lo alto.
Déjame dormir, mamá, 
no pasa nada si falto.
 
Hijo mío, por favor, 
que es la hora del almuerzo.
Déjame, que levantarme 
me supone mucho esfuerzo.
 
Hijo mío, por favor, 
van a llamarte haragán.
Déjame, mamá, que nunca 
me ha importado el qué dirán.
 
Hijo mío, por favor, 
¿y si tu jefe se enfada?
Que no, mamá, déjame, 
que no me va pasar nada.
 
Hijo mío, por favor, 
que ya has dormido en exceso.
Déjame, mamá, que soy 
diputado del Congreso
y si falto a las sesiones 
ni se advierte ni se nota.
Solamente necesito 
acudir cuando se vota,
que los diputados somos 
ovejitas de un rebaño
para votar lo que digan 
y dormir en el escaño.
En serio, mamita mía, 
yo no sé por qué te inquietas
si por ser culiparlante 
cobro mi sueldo y mis dietas.
Lo único que preciso, 
de verdad, mamá, no insistas,
es conseguir otra vez 
que me pongan en las listas.
Hacer la pelota al líder, 
ser sumiso, ser amable
Y aplaudirle, por supuesto, 
cuando en la tribuna hable.
Y es que ser parlamentario 
fatiga mucho y amuerma.
Por eso estoy tan molido. 
¡Déjame, mamá, que duerma!
 
Bueno, te dejo, hijo mío. 
Perdóname, lo lamento.
¡Yo no sabía el estrés 
que produce el Parlamento!

            Fray Junípero (1713 - 1784) Religioso franciscano español.


2.4.09

Eduardo Galeano



Un artículo de Eduardo Galeano

    (Para mayores de 40)
    

    Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco.

    No hace tanto, con mi mujer, lavábamos los pañales de los críos, los colgábamos en la cuerda junto a otra ropita, los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar.

    Y ellos, nuestros nenes, apenas crecieron y tuvieron sus propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda, incluyendo los pañales.

    ¡Se entregaron inescrupulosamente a los desechables! Si, ya lo sé. A nuestra generación siempre le costó tirar. ¡Ni los desechos nos resultaron muy desechables! Y así anduvimos por las calles guardando los mocos en el bolsillo y las grasas en los repasadores.

    ¡¡¡Nooo!!! Yo no digo que eso era mejor. Lo que digo es que en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por dónde se entra. Lo más probable es que lo de ahora esté bien, eso no lo discuto. Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año, el celular cada tres meses o el monitor de la computadora todas las navidades.

    ¡Guardo los vasos desechables!

    ¡Lavo los guantes de látex que eran para usar una sola vez!

    ¡Apilo como un viejo ridículo las bandejitas de espuma plástica de los pollos!

    ¡Los cubiertos de plástico conviven con los de acero inoxidable en el cajón de los cubiertos!

    ¡Es que vengo de un tiempo en el que las cosas se compraban para toda la vida!

    ¡Es más!

    ¡Se compraban para la vida de los que venían después!

    La gente heredaba relojes de pared, juegos de copas, fiambreras de tejido y hasta palanganas de loza.

    Y resulta que en nuestro no tan largo matrimonio, hemos tenido más cocinas que las que había en todo el barrio en mi infancia y hemos cambiado de heladera tres veces.

    ¡¡Nos están fastidiando! ! ¡¡Yo los descubrí!! ¡¡Lo hacen adrede!! Todo se rompe, se gasta, se oxida, se quiebra o se consume al poco tiempo para que tengamos que cambiarlo. Nada se repara. Lo obsoleto es de fábrica.

    ¿Dónde están los zapateros arreglando las media-suelas de las Nike?

     ¿Alguien ha visto a algún colchonero escardando sommiers casa por casa?

    ¿Quién arregla los cuchillos eléctricos? ¿El afilador o el electricista?

    ¿Habrá teflón para los hojalateros o asientos de aviones para los talabarteros?

    Todo se tira, todo se desecha y, mientras tanto, producimos más y más basura.

    El otro día leí que se produjo más basura en los últimos 40 años que en toda la historia de la humanidad.

    El que tenga menos de 40 años no va a creer esto: ¡¡Cuando yo era niño por mi casa no pasaba el basurero!!

    ¡¡Lo juro!! ¡Y tengo menos de... años!

    Todos los desechos eran orgánicos e iban a parar al gallinero, a los patos o a los conejos (y no estoy hablando del siglo XVII)

    No existía el plástico ni el nylon. La goma sólo la veíamos en las ruedas de los autos y las que no estaban rodando las quemábamos en la Fiesta de San Juan.

    Los pocos desechos que no se comían los animales, servían de abono o se quemaban.. De 'por ahí' vengo yo. Y no es que haya sido mejor. Es que no es fácil para un pobre tipo al que lo educaron con el 'guarde y guarde que alguna vez puede servir para algo', pasarse al 'compre y tire que ya se viene el modelo nuevo'.

    Mi cabeza no resiste tanto.

    Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que, además, cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real.

    Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el mismo nombre (y vaya si era un nombre como para cambiarlo) Me educaron para guardar todo. ¡¡¡Toooodo!!! Lo que servía y lo que no. Porque algún día las cosas podían volver a servir. Le dábamos crédito a todo.

    Si, ya lo sé, tuvimos un gran problema: nunca nos explicaron qué cosas nos podían servir y qué cosas no. Y en el afán de guardar (porque éramos de hacer caso) guardamos hasta el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas del jardín de infantes y no sé cómo no guardamos la primera caquita. ¿Cómo quieren que entienda a esa gente que se desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo?

    ¿Será que cuando las cosas se consiguen fácilmente, no se valoran y se vuelven desechables con la misma facilidad con la que se consiguieron?

    En casa teníamos un mueble con cuatro cajones. El primer cajón era para los manteles y los repasadores, el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto para todo lo que no fuera mantel ni cubierto. Y guardábamos.. . ¡¡Cómo guardábamos!! ¡¡Tooooodo lo guardábamos!! ¡¡Guardábamos las chapitas de los refrescos!! ¡¿Cómo para qué?! Hacíamos limpia-calzados para poner delante de la puerta para quitarnos el barro. Dobladas y enganchadas a una piola se convertían en cortinas para los bares. Al terminar las clases le sacábamos el corcho, las martillábamos y las clavábamos en una tablita para hacer los instrumentos para la fiesta de fin de año de la escuela. ¡Tooodo guardábamos!

    ¡¡¡Las cosas que usábamos!!!: mantillas de faroles, ruleros, ondulines y agujas de primus. Y las cosas que nunca usaríamos. Botones que perdían a sus camisas y carreteles que se quedaban sin hilo se iban amontonando en el tercer y en el cuarto cajón. Partes de lapiceras que algún día podíamos volver a precisar. Tubitos de plástico sin la tinta, tubitos de tinta sin el plástico, capuchones sin la lapicera, lapiceras sin el capuchón. Encendedores sin gas o encendedores que perdían el resorte. Resortes que perdían a su encendedor.

    Cuando el mundo se exprimía el cerebro para inventar encendedores que se tiraban al terminar su ciclo, inventábamos la recarga de los encendedores descartables. Y las Gillette -hasta partidas a la mitad- se convertían en sacapuntas por todo el ciclo escolar. Y nuestros cajones guardaban las llavecitas de las latas de sardinas o del corned-beef, por las dudas que alguna lata viniera sin su llave. ¡Y las pilas! Las pilas de las primeras Spica pasaban del congelador al techo de la casa. Porque no sabíamos bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más. No nos resignábamos a que se terminara su vida útil, no podíamos creer que algo viviera menos que un jazmín.

    Las cosas no eran desechables. Eran guardables. ¡¡¡Los diarios!!! Servían para todo: para hacer plantillas para las botas de goma, para poner en el piso los días de lluvia y por sobre todas las cosas para envolver. ¡¡¡Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al trozo de carne!!!

    Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros para hacer guías de pinitos de navidad y las páginas del almanaque para hacer cuadros y los cuentagotas de los remedios por si algún medicamento no traía el cuentagotas y los fósforos usados porque podíamos prender una hornalla de la Volcán desde la otra que estaba prendida y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos. Y las cajas de cigarros Richmond se volvían cinturones y posa-mates y los frasquitos de las inyecciones con tapitas de goma se amontonaban vaya a saber con qué intención, y los mazos de naipes se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a mano en una sota de espada que decía 'éste es un 4 de bastos'.

    Los cajones guardaban pedazos izquierdos de palillos de ropa y el ganchito de metal. Al tiempo albergaban sólo pedazos derechos que esperaban a su otra mitad para convertirse otra vez en un palillo.

    Yo sé lo que nos pasaba: nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos. Así como hoy las nuevas generaciones deciden 'matarlos' apenas aparentan dejar de servir, aquellos tiempos eran de no declarar muerto a nada: ¡¡¡ni a Walt Disney!!!

    Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se convertía en base y nos dijeron: 'Cómase el helado y después tire la copita', nosotros dijimos que sí, pero, ¡¡¡minga que la íbamos a tirar!!! Las pusimos a vivir en el estante de los vasos y de las copas. Las latas de arvejas y de duraznos se volvieron macetas y hasta teléfonos.. Las primeras botellas de plástico se transformaron en adornos de dudosa belleza. Las hueveras se convirtieron en depósitos de acuarelas, las tapas de botellones en ceniceros, las primeras latas de cerveza en portalápices y los corchos esperaron encontrarse con una botella.

    Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos. ¡¡¡Ah!!! ¡¡¡No lo voy a hacer!!! Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad son descartables.

    Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas. Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero. No lo voy a hacer. No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne. No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte apenas empiezan a fallar en sus funciones, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos, que a las personas que les falta alguna función se les discrimina o que valoran más a los lindos, con brillo y glamour.

    Esto sólo es una crónica que habla de pañales y de celulares. De lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que plantearme seriamente entregar a la 'bruja' como parte de pago de una señora con menos kilómetros y alguna función nueva. Pero yo soy lento para transitar este mundo de la reposición y corro el riesgo de que la 'bruja' me gane de mano y sea yo el entregado.

    Hasta aquí Eduardo Galeano







14.2.09

CINCO MINUTOS Y LA JUGUETERÍA



Todos los días, cuando el despertador me grita:
¡arriba carne de escritorio, toma tu portafolios!,
te esperan, la oficina, el tren, los colectivos,
las ocho horas diarias, el jefe, con sus iras.
Todos los días paso por la vidriera que me atrae,
que me atrapa, de una juguetería
y los cinco minutos que tarda el colectivo, vivo, toda una vida.

Un caballo de cartón galopa una ilusión por toda la vidriera
y un oso gordinflón pintado de marrón, ojos de lentejuelas,
a una princesa azul, con vestido de tul, gracioso se le acerca,
para bailar el vals que toca en su acordeón un viejito de cera.
Se acerca el batallón de plomo y el tambor marca su rataplán,
parecen de verdad, quien sabe a donde van, que guerra los espera.
Aldeanas de papel se asoman al balcón de alguna casa vieja,
pañuelos de color le van diciendo adiós, con lágrimas de temperas.
Pero hay un niño dios dormido en su jergón con las palmas abiertas
y todo el batallón, se queda en su lugar, ya no marcha a la guerra
y de felicidad, un mono de peluche hace sus piruetas
y bailando un minué, le va pisando el pie a una marioneta.
Sentado en su rincón, bonete de color con su boca grotesca,
hace a todos reír, entrega el corazón en cada voltereta,
un payaso de amor, un loco, un soñador, un sentido poeta,
que da felicidad y se sienta a llorar, sus lágrimas de pena.
El tiempo ya pasó, yo no soy un juguete, no me puedo quedar.
Al diablo la oficina, el tren, los colectivos, las ocho horas largas,
el jefe con sus iras, si tengo el corazón del oso de cartón,
quiero bailar un vals y ponerme un bonete,
no marchar a la guerra y ver de cerca a Dios,
dormido en su jergón, con las palmas abiertas
y después de cantar, de reír, de bailar, de saltar,
de pasar por bufón, de dar el corazón,
por que soy un poeta, un loco, un soñador,
hacer como el payaso, llorar mis penas, solo, sentado en un rincón.

RAFAEL AMOR®

24.2.07

Tomamos unos mates?


Tomamos mate?
  
Hernan Casciari del libro:"Mas respeto que soy tu madre"

El mate no es una bebida. Bueno, sí. Es un líquido y entra por la boca.
Pero no es una bebida. En este país nadie toma mate porque tenga sed. Es más bien una costumbre, como rascarse.
El mate es exactamente lo contrario que la televisión: te hace conversar si estás con alguien, y te hace pensar cuando estás solo.

Cuando llega alguien a tu casa la primera frase es "hola" y la segunda "¿unos mates?".
Esto pasa en todas las casas. En la de los ricos y en la de los pobres.
Pasa entre mujeres charlatanas y chismosas, y pasa entre hombres
serios o inmaduros.
Pasa entre los viejos de un geriátrico y entre los adolescentes mientras estudian o se drogan.
Es lo único que comparten los padres y los hijos sin discutir ni echarse en cara.
Peronistas y radicales ceban mate sin preguntar. En verano y en invierno.
Es lo único en lo que nos parecemos las víctimas y los verdugos; los buenos y los malos.
Cuando tenés un hijo, le empezás a dar mate cuando te pide. Se lo das tibiecito, con mucha azúcar, y se sienten grandes. Sentís un orgullo enorme cuando un esquenuncito de tu sangre empieza a chupar mate. Se te sale el corazón del cuerpo. Después ellos, con los años, elegirán si tomarlo amargo, dulce, muy caliente, tereré, con cáscara de naranja, con yuyos, con un chorrito de limón.
Cuando conocés a alguien por primera vez, te tomás unos mates. La gente pregunta, cuando no hay confianza: "¿Dulce o amargo?". El otro responde: "Como tomes vos".
Los teclados de Argentina tienen las letras llenas de
yerba.
La yerba es lo único que hay siempre, en todas las casas. Siempre.
Con inflación, con hambre, con militares, con democracia, con cualquiera de nuestras pestes y maldiciones eternas. Y si un día no hay yerba, un vecino tiene y te da. La yerba no se le niega a nadie.
Éste es el único país del mundo en donde la decisión de dejar de ser un chico y empezar a ser un hombre ocurre un día en particular.
Nada de pantalones largos, circuncisión, universidad o vivir lejos de los padres.
Acá empezamos a ser grandes el día que tenemos la necesidad de tomar por primera vez unos mates, solos. No es casualidad. No es porque sí. El día que un chico pone la pava al fuego y toma su primer mate sin que haya nadie en casa, en ese minuto, es que ha descubierto que tiene alma. O está muerto de miedo, o está muerto de amor, o algo: pero no es un día cualquiera.
Ninguno de nosotros nos acordamos del día en que tomamos por primera vez un mate solo. Pero debe haber sido un
día importante para cada uno. Por adentro hay revoluciones.
El sencillo mate es nada más y nada menos que una demostración de valores...
Es la solidaridad de bancar esos! mates lavados porque la charla es buena.   
La charla, no el mate.
Es el respeto por los tiempos para hablar y escuchar, vos hablás mientras el otro toma y es la sinceridad para decir: ¡Basta, cambiá la yerba!".
Es el compañerismo hecho momento.
Es la sensibilidad al agua hirviendo.
Es el cariño para preguntar, estúpidamente, "¿está caliente, no?".
Es la modestia de quien ceba el mejor mate.
Es la generosidad de dar hasta el final.
Es la hospitalidad de la invitación.
Es la justicia de uno por uno.
Es la obligación de decir "gracias", al menos una vez al día.
Es la actitud ética, franca y leal de
encontrarse sin mayores pretensiones que compartir.


¿TE SENTISTE INCLUÍDO?.... compartilo entonces con quienes alguna vez tomaste un mate.

27.11.06

Historia de Juan Verdaguer


 
Juan Verdaguer (1915 - 2001)
    
"El más serio de los cómicos. El hombre que causaba gracia con la inmutabilidad de su rostro anguloso, conmovido apenas por un rictus tanguero"

"Falleció un humorista amigo en la mayor indigencia y entonces con otros colegas decidimos hacer una colecta para enterrarlo. Me dirigí a un señor y le pedí 10 pesos para enterrar a un humorista, el hombre me dio 30 y me dijo: "Tome, entierre tres".

"Indiscutiblemente, los cómicos no son nada: nacen, viven, se mueren, los entierran, se convierten en fertilizante, crece el pasto sobre él, viene un caballo y se lo come, después de cumplido este proceso físico - químico, hay que tener cuidado dónde pisamos, porque puede ser un primo nuestro."

Juan Verdaguer encarnó a un tipo de cómico por demás particular, que detestaba el "humor pornográfico". Su personalidad era muy seria, un hombre elegante que impuso un estilo con su cigarro y su saco smoking.

Tuvo una trayectoria artística de 70 años. Conocido como "El señor del humor", el cómico nacido en Uruguay empezó su carrera cuando era niño en el circo en el que trabajaban sus padres en Argentina. Así, se formó en las artes circenses.

Pero una circunstancia fortuita alteró su previsible destino de malabarista. Su número consistía en hacer equilibrio mientras tocaba el violín en la punta de una escalera de cinco metros.

Un día se le cortó una cuerda, después se le cortó otra, y para disimular el horrible vacío de esa desgracia, empezó a contar un chiste, luego otro y otro, hasta que el público olvidó a carcajadas su accidente inicial. Con los años, y a partir de los progresivos cambios de status artístico (del circo pasó a los casinos, de los casinos al vodevil, del vodevil al cine, del cine a la televisión) fue puliendo su hallazgo, hasta modelar el personaje que se escapó de todos los clisés humorísticos.

En sus espectáculos solía tocar su violín, subía escaleras equilibrándose y caracterizado por su humor al contar chistes de calidad y de salón. Incluía en sus chistes tanto a su suegra como a su esposa, es aquí donde América adquiere la cultura del humor familiar.

Quienes lo conocían aseguraban que Verdaguer daba vueltas siempre alrededor de los mismos temas: la suegra, la esposa, el amor. Pero tenía una agudeza y una cintura humorística que le permitían reciclar eternamente sus cuentos y monólogos.

El decía, con razón, que "no hay chistes viejos sino oyentes nuevos", y también reconocía que esos oyentes nuevos estaban atrapados en una era regida por la "pornografía humorística". Tenía la esperanza, sin embargo, de que "el público se va a cansar de tanta grosería".

Verdaguer no sólo se destacó en Argentina, donde basó su carrera, sino que brindó espectáculos en varios países de América Latina y hasta filmó una película en China con el entrañable actor argentino Luis Sandrini.

Recorrió mucho mundo. Estuvo en Estados Unidos, México, Perú, Panamá, Australia. Filmó una película con Luis Sandrini en China que se llamó "Cumanchín". También viajaba mucho a Chile, a Uruguay, a Brasil.

Sin embargo, el debut humorístico en televisión que lo catapultó a la fama fue en 1961 con su espectáculo "Este loco, loco hotel", en el entonces flamante Canal 13 de Buenos Aires.

El espíritu itinerante que lo había acompañado en su juventud, cuando recorrió el mundo con sus números humorístico-circenses, se corporizó nuevamente en los últimos tiempos, más por necesidad que por aventura. Con Carlos Garaycochea y Mario Clavell protagonizaba "Masters del humor", obra teatral que obtuvo un premio ACE y le permitió recorrer el interior del país.

Pero su salud se había deteriorado, y debió suspender varias funciones. Su última actuación fue en la ciudad bonaerense de San Nicolás.

Cuando se le preguntaba por su estilo de humor, su respuesta favorita era:

"Asaltan a un hombre y lo dejan completamente desnudo, eso es comicidad. En cambio, si lo dejan en camiseta y calzoncillos, es humorismo. Yo hago humorismo, porque prefiero que la gente se quede, por lo menos, en ropa interior".

El estilo del "humor Verdaguer" también impone la obligación de no reírse nunca de los cuentos que se relatan.

Algunos ejemplos de su humor:

Está probado que en USA un hombre es atropellado cada tres minutos. No me explico el aguante de ese hombre.

- Mi hijo mayor tiene 62 años, en cualquier momento me pasa.

- Hay un antiguo refrán que dice: lo bueno si es breve es doblemente bueno. Así que buenas noches y hasta pronto.

- Tengo tantos chistes para contarles que me siento como aquel sultán, que cuando cumplió 20 años le regalaron 50 hermosas muchachas, es decir, sé lo que tengo que hacer pero no sé por dónde empezar.

- Me he pasado la vida estudiando el humorismo desde todo ángulo posible: psicológicamente, fisiológicamente, biológicamente, antropológicamente y estúpidamente.

- El otro día fui a un siquiatra. Me pidió 1.000 pesos adelantados, yo le dije: "Doctor, es mi problema el que vengo a resolver, no el suyo".

- La vez pasada me recomendaron un doctor muy bueno. No como esos doctores que lo tratan a uno del hígado y uno se muere del corazón. Éste lo trata a uno del corazón, y uno se muere del corazón.

- Papá era tan pobre que cuando pagaba el alquiler dos meses consecutivos, la policía llegaba a preguntar cómo había conseguido el dinero.

- Todos los años la cigüeña venía con un hermanito más, bueno, la cigüeña ya no venía, vivía con nosotros. Cómo sería, que cuando papá llegaba a casa del trabajo, tenía miedo de preguntar ¿qué hay de nuevo?

- No hace mucho tiempo estuvimos reunidos festejando el 101 de mi abuelo, que ya es algo que festejar. 101 años. Ahí nos reunimos todos los hermanos, primos, tíos, parientes, una fiesta lindísima. Fue una pena que él no estuviera ahí con nosotros... él murió cuando tenía treinta y siete...

- Mi esposa y yo tenemos el secreto para un matrimonio feliz: Dos veces a la semana vamos a un restaurante y disfrutamos de una rica comida y un buen vino. Ella va los martes y yo, los viernes.

- Siempre llevo a mi mujer a todas partes. Lo malo es que ella siempre encuentra el camino de regreso.

- Le pregunté a mi mujer adónde quería ir para nuestro aniversario. Ella me dijo: _ "A algún lugar en el que no haya estado hace mucho tiempo". Así que le sugerí la cocina.

- Con mi mujer siempre caminamos tomados de la mano. Si la suelto, se va de compras.

- No he discutido con ella en 18 meses. Es que no me gusta interrumpirla.

- Mi mujer tiene una tostadora eléctrica, una freidora eléctrica, una exprimidora eléctrica, una cafetera eléctrica y una batidora eléctrica. Un día, se quejó: _ "Hay tantos electrodomésticos que ya no queda lugar para sentarse". Entonces le compré una silla eléctrica.

- La última pelea fue culpa mía. Mi mujer preguntó: _ "¿Qué hay en la tele? Y yo dije: "Bastante polvo".

- El matrimonio es la causa número uno de divorcio. Estadísticamente, el 100 por ciento de los divorcios comenzó con un matrimonio.

- Sabes, querida: cuando hablas me recuerdas al mar. - ¡Qué lindo, mi amor! No sabía que te impresiono tanto. - No me impresionas... ¡me mareas!

El marido le pregunta a su mujer: - Querida, cuando me muera ¿vas a llorar mucho? - Claro, sabes que lloro por cualquier tontería....

En un día de un calor bárbaro, el marido sale del baño y le dice a su mujer: - Gordita, hace mucho calor y tengo que cortar el pasto. _ ¿Qué crees que dirán los vecinos si salgo desnudo? - Que probablemente me casé contigo por dinero...

- ¡Auxilio, socorro! ¡Amor, que llamen a los bomberooos... se quema nuestra casaaaaa! - ¡Shhhh!... Silencio, mi amor, ya llamé, pero no grites tanto. Qué necesidad hay de despertar a tu madre?!!

Una pareja de esposos discutía acaloradamente en la calle: - ¡Te voy a demostrar que no vales nada! El señor hace señas a un taxista que se detiene frente a ellos. - ¿Cuánto me cobra hasta el aeropuerto? - Hasta allá,... unos 150 pesos. - ¿Y con mi mujer? - Lo mismo. - Ya ves..., querida, no vales nada!

Juan y María se encontraron por primera vez en la playa. Se miraron, se enamoraron y muy rápido se casaron. En la noche de bodas, Juan le dice a María: - Querida, de hoy en adelante te llamaré Eva. - ¿Por qué? - Porque eres mi primera mujer. - Bueno, qué bien, entonces yo te llamaré Peugeot. - ¿Por que? - Porque eres el 206 -

Una pareja está en un restaurante. Élla le dice a él: - Mira, el joven de la corbata roja me está sonriendo. - ¡Bah! La primera vez que te vi, yo también me morí de la risa.